
¿Simoncelli? No, no puede ser. Si justo ayer promocionaba su web. Si no hace mucho le habíamos visto en una habitación de hotel bromeando ante la cámara.
Pero lo que ayer sonaba imposible, hoy nos suena terriblemente cierto.
SuperSIC no era un motorista complaciente de los que van a lo suyo haciéndolo fácil. No. Era competitivo y duro en la pista y algunos ya le habían colgado el sambenito de agresivo, aunque como siempre: los mismos, los manipuladores de la comunicación, que no saben hacer su trabajo ni ninguno y siempre acaban ocupando puestos de relevancia en los medios o en la vida, por eso, por el séquito de aduladores del que se rodean.
Pero Marco no entraba en el aro de la prensa y seguía teniendo el favor del público, que le admirábamos por su alegría contagiosa, su personalidad arrolladora y su manera de encarar la vida. El no temía decir la verdad, sino que (como siempre suele pasar) algunos temían oírla. Ni ser fiel a uno mismo, y dar lo mejor de sí, dentro y fuera de la competición.
Decía Rossi, su mentor y fiel amigo, que para él era "como su hermano pequeño, duro en la pista y dulce en la vida". Y quiso la fatalidad que fuera la rueda de Rossi y no otra la que acabara con la vida del romagnolo, crueldad del destino.
Descansa en paz Simoncelli, tu sonrisa quedará en el recuerdo de todos.