domingo, 12 de junio de 2011

Cho-co-la-te

Verdaderamente es un gusto toparse de vez en cuando con individuos tan bien hechos como éste. Se trata de un hombre libre, por completo. Tan independiente que incluso es ajeno a la biología de su parte humana.
Ha pasado de los cuarenta sin volverse loco, sin plantar a su mujer por un escote ni cambiar el fiel monovolumen por un deportivo de gama alta. De hecho sigue siendo el mismo alcaraván de siempre.

El se limita a vivir con intensidad, aún a sabiendas que corre el riesgo de que todo lo que ama se quede atrás. Ha estado varias veces en Nepal, ha recorrido islas vírgenes de la Micronesia, conoce a fondo la selva angosta de Venezuela y el hielo perpetuo de la Antártida, ha pescado en la Patagonia, y se conoce el Africa ecuatorial como la palma de la mano.
En su cara se han cincelado con delicadeza el frío, el sol y el viento gélido, y el azul de sus ojos todavía refleja las aguas cristalinas de esos ríos que descubre para luego mostrarnos.

Es un explorador a la vieja usanza. Enjuto. Discreto. Jovial. Fiel escudero de su hermano mayor, más mediático y expansivo, acepta de buen grado ese segundo plano porque no busca nada, más que vivir y conocer nuevos mundos.
Aunque los dos forman el tándem perfecto. Uno por su enorme esfuerzo en acercarnos un mundo que hace apenas unos años estaba restringido a la élite, y el otro por su sensatez y su buen hacer como noble preceptor.

Hace unos días tuvimos el honor de conocerle a él, a la persona que siempre sonríe, que ayuda y que curra como la que más, al líder que lleva al grupo a buen puerto sin mangonear, al leonés de buen corazón y al golfillo que bebe havanacola mientras se parte de la risa con todos.

Con cariño: "cho-co-la-te".