martes, 8 de febrero de 2011

A mí dame pan y llámame tonto

Bueno, bueno, bueno, pero qué divertida que es la izquierda de este país (una la sigue llamando "izquierda", por llamarla de alguna manera). Nos adoctrinan cual cura de pueblo, creyendo que sus feligreses son medio tontos y hay que velar por ellos, a golpe de prohibición, imponiéndonos sus creencias sí o sí.

En Cataluña concretamente, uno no puede escolarizar a su hijo en el idioma que considere oportuno. Sólo es posible en catalán, con las miserables 2-3 horas de castellano a la semana.
Tampoco podemos montar una tienda y rotularla en castellano, aunque sea nuestro negocio, nuestro dinero y bien que se nos cobren nuestros buenos impuestos por ello.
No podemos ir a los toros, que deben oler a ajo como diría la Beckham, pero sí a los "correbous", con lo que creo que la excusa del maltrato animal no cuela. Curiosamente, en el País Vasco, que también tienen sus cosas, y del que tanto copia Cataluña, ni se les ocurriría prohibir la Fiesta Nacional. ¿Alguien ha ido alguna vez a Vista Alegre durante la Semana Grande de Bilbao? Menudo ambiente.
Y tampoco podemos ir a más de 80 en las autopistas de entrada a Barcelona, para limitar la contaminación pero azuzar nuestros nervios sorteando radares. No sé a vosotros pero a mí este cuento me suena a lo de las lacas y aerosoles que resulta que tuvieron la culpa del agujero de la capa de ozono.

Ya a nivel estatal, también se nos ha quitado el derecho como padres de enterarnos o siquiera opinar de un embarazo de una hija menor.
No podemos tener un móvil o un MP3 sin presuponernos unos piratas del Top Manta, o de defender a los israelíes sin ser tachado de pro-semita con la cadencia de un escupitajo.
Y por supuesto, ya no podemos fumar. Y se estuvo incluso barajando la posibilidad de extender la prohibición a Peñas y Sociedades gastronómicas, que son locales privados, ni siquiera ante el acuerdo de los socios. Imagino que el siguiente paso es colarse en nuestras casas y apagarnos el cigarrillo si es día impar o llueve.

Lo mejor sin embargo es ese desprecio que muestran ante aquellos que no son de su credo. Qué animadversión, qué "ansia viva", le tienen al bueno de Berlusconi. ¿Que el hombre es dado a las mujeres y a la buena vida? ¿Y? Ahora va a resultar que uno no va a poder hacer lo que le dé la gana de puertas para adentro, con su fortuna. La economía italiana, que sigue en el G8, remonta ya el vuelo y el paro no llega al 9%. A mí eso me basta.

Pero claro, a esta izquierda intervencionista no.