miércoles, 9 de marzo de 2011

Mujeres desesperadas, y no es una ficción

Ayer fue el día internacional de la mujer trabajadora. Lo cual está muy bien.
Pero estaría mejor que todas tuvieran la opción de trabajar, y que el paro no se cebara más con ellas que con sus compañeros varones, en países como el nuestro, tan alejados conceptualmente del sistema escandinavo.
Muchas empresas no se lo piensan dos veces y a la hora de prescindir de alguien se va fuera antes la mujer que el hombre, en igualdad de condiciones (eso sí, siempre que la mujer no esté blindada por una reducción de jornada).
Después, también es más difícil que esa misma mujer se reinserte en el mercado laboral en determinados niveles y a ciertas edades, dado que el empleador no deja de verla como una madre, presente o futura. Así que la crisis no hace más que acentuar un problema estructural que padece España desde siempre.

Pero la solución no está en la "cuota" que tanto gusta a las izquierdas y que tan poco sentido tiene. La cuota significa colocar a mujeres porque simplemente lo son no porque lo valgan realmente. Desde ese momento, cualquier mujer que ocupase un puesto destacado sería puesta en duda, y eso es un despropósito para las que están arriba por méritos propios.

Lo que tiene que hacer este país es promover medidas de conciliación de vida laboral y familiar, lo que beneficiará a todos, hombres y mujeres. Por ejemplo, en Cataluña nos encontramos en plena "semana blanca", una semana entera a mitad de año que se han sacado de la manga para cuadrar el calendario lectivo. Es increíble los problemas logísticos que esta semanita en pleno marzo ocasiona a los padres que trabajan los dos.

Guarderías en las empresas. Equiparación del calendario escolar con el laboral. Estimular a las empresas a poner en marcha horarios flexibles y abrir la posibilidad del trabajo desde casa, a ciertas horas o en determinadas épocas. Son algunas de las soluciones que se me ocurren así, de pasada y con la tele puesta, con lo que espero algo más de los que nos gobiernan que no es tan difícil.

Lo importante: olvidarnos por una vez de la rigidez. Son muchas horas las que pasamos trabajando (es un hecho que los pocos que trabajan en este país lo hacen con unos horarios inhumanos para descojone de los europeos que a las seis suelen estar ya en casa o en el pub), así que más nos valdría aprovecharlas con eficacia sí, pero sin olvidarnos que nuestra vida sigue ahí fuera (y no nos espera).