lunes, 4 de octubre de 2010

I'm sick of all my judges, and so scared of what they'll find


En estos días en el que todos los que seguimos a The Killers estamos "Brandonmizados" con su próxima presencia aquí en la Ciudad Condal, es lo propio rendirle un pequeño homenaje.
Ya sabemos que The Killers no es únicamente Flowers, pero qué sería de ellos sin su voz, sin ese chorro de palabras desencadenadas, y sin ese espíritu indómito del Oeste.
Porque Brandon nació en Las Vegas y será en esa ciudad donde muera, rodeado de una familia numerosa y de un montón de amigos. Y dice él mismo que tendría un arma en casa para proteger a los suyos. ¿Y? ¿Alguna pega? Creo que la propia defensa de la libertad de uno a veces exige medidas extraordinarias. Como él dice "ojalá viviéramos en un mundo perfecto, pero no lo es".

Rebelde hasta el final, es un músico contracorriente en el gueto de artistas "izquierdones" que inunda la escena mundial y que juegan al juego de "soy super-comunista y apoyo un montón de causas, mientras me construyo mansiones de la leche en medio mundo y te cargo un canon hasta por oler mis canciones".
El no es así. El a lo suyo. Como un Billy el Niño moderno. No le importa lo que puedan pensar los demás. Es el más punky de entre los "rockeros indie". Y no por ser el líder del grupo más potente de la escena actual cambiará su Sin City por L.A. o N.Y.C.
Este chico de veintinueve añitos pertenece a una casta de hombres diferentes. Hombres precoces, que no se arrugan ante nada y que tienen muy clara la meta que persiguen. La música es su vida pero sólo la música, no el a veces irremediable y tedioso acompañamiento de bambalinas. Y pese a estar en la cresta de la ola ha construido una familia con su novia de toda la vida, ya su mujer y madre de sus hijos, a la que nada ni nadie hará sombra.

Nos da igual cómo te pongas Flowers: con ojos pintados, abrigo de plumas o tu bigote a lo tex-mex, estás que te sales.