martes, 1 de junio de 2010

La vergüenza en un pañuelo


Hoy ha sido un día raro, raro.

En el café he tenido ocasión de conversar sobre el incidente internacional del año y claro, por lo visto soy la única que concede a Israel el beneficio de la duda, todos los demás los tachan rápidamente de asesinos, a todos, metiendo en el mismo saco a soldados, a políticos, a comerciantes y a maestros.
A veces me pregunto si ese odio visceral hacia el Judaísmo no nos vendrá a los españoles de la época de los Reyes Católicos, cuando los expulsamos de nuestro territorio con lo puesto, y todo por esa envidia malsana que nos caracteriza.
O del franquismo, cuando italianos y españoles éramos los únicos aliados de Hitler en su persecución y exterminio.
Yo tengo amigos judíos y eso me honra, me dignifica como persona y enriquece mi mundo. Y si hay algo que les une como nación adonde quiera que vayan, más allá de su religión, es su sentimiento innato de parias. Su diáspora. Todo su mundo, pasado y presente, tiene ese nexo punzante: el גלות ("Galut", exilio), que es lo único que han conocido.
Y yo, eterna defensora del marginado, les apoyo, porque no me gustan los lobbies ni el pensamiento único, y porque sé lo que duele ser apartado sin más, sin que nadie se digne a escuchar tus razones, por el simple hecho de no pertenecer al mismo colectivo.

Pero eso no ha sido todo: hoy he recibido una llamada al skype de Amman. Tenía que ser precisamente hoy, después de dos meses sin volver a trabajar directamente con ellos. Como me imaginaba, tenía a Samir (como ya dije en su día, ése no es su verdadero nombre) al otro lado. No ha querido andarse con rodeos y en seguida me ha preguntado por el efecto que la "Freedom" Flotilla ha tenido en la opinión pública española. Ojalá no lo hubiera hecho y hubiéramos hablado del tiempo. Mi respuesta ha sido cortante. Quizás algo de mí también está a la defensiva, mimetizándome con Israel. Le he dicho que tenían que estar contentos, que las fotos de nuestras concentraciones en contra de Israel cada vez se parecían más a las de Damasco o Teheran. Extrañamente, Samir ha permanecido un rato en silencio y después ha hablado con cierta tristeza, y ahora me gustaría haceros llegar su mensaje porque merece la pena, porque como veréis no todos los palestinos odian a los judíos ni incitan a la violencia.

Según él, los europeos nos estamos metiendo donde no nos llaman, con nuestras acciones propagandísticas, entrometiéndonos en el día a día de una región que ya tiene "overbooking" de actores encontrados. Pero lo peor es que nuestras niñerías están rompiendo la incipiente paz en la zona. En los últimos meses, Israel estaba dando muestras de apertura, reduciendo más y más las restricciones en la Franja, negociando con empresas y grupos palestinos locales, retirando a sus propios colonos. Pero, ¿qué pasará ahora?.

Eso digo yo, ¿qué pasará ahora?.