viernes, 18 de junio de 2010

FRIENDS OF ISRAEL: "Si Israel cae, nosotros caeremos con él".




Gaza es una distracción. No podemos olvidar que Israel es el mejor aliado de Occidente en una región turbulenta

Ya hace demasiado tiempo que en Europa no está de moda defender a Israel. A raíz del reciente incidente a bordo de un barco lleno de activistas anti-israelíes en el Mediterráneo, todavía menos, y es difícil pensar en una acción más impopular.
En un mundo ideal, el asalto del Mavi Marmara no habría terminado en nueve muertos y una veintena de heridos. En un mundo ideal, los soldados habrían dado la bienvenida a la nave con toda tranquilidad. En un mundo ideal, ningún Estado, ni mucho menos un aliado reciente de Israel como Turquía, hubiera patrocinado y organizado una flotilla cuyo único propósito era crear una situación límite a Israel: elegir entre renunciar a su política de seguridad y naval de bloqueo, o arriesgarse a ganarse la enemistad del mundo.

En nuestras relaciones con Israel, debemos evitar la ira que con demasiada frecuencia nubla nuestro juicio. Un enfoque razonable y equilibrado debe tener en cuenta las siguientes realidades:

1) El estado de Israel fue creado por una decisión de la ONU. Su legitimidad, por tanto, no debe ser cuestionada. Israel es un país con instituciones democráticas profundamente arraigadas. Se trata de una sociedad dinámica y abierta que ha destacado en repetidas ocasiones en la cultura, la ciencia y la tecnología.

2) Debido a sus raíces, historia y valores, Israel es una nación occidental en toda regla. De hecho, es una nación occidental normal, pero en circunstancias "anormales".
En Occidente, es la única democracia, cuya existencia ha sido cuestionada desde sus inicios. Primero, fue atacada por sus vecinos con armas convencionales de guerra. Luego se enfrentó contra el terrorismo que culminó en una oleada tras otra de ataques suicidas. Ahora, a instancias de los islamistas radicales y sus simpatizantes, se enfrenta a una campaña de deslegitimación a través del Derecho internacional y la diplomacia.

Sesenta y dos años después de su creación, Israel sigue luchando por su supervivencia. Castigado con misiles que llueven a diario desde el norte y el sur, amenazada continuamente con ser destruída por Irán con el objetivo de adquirir armas nucleares y presionada por amigos y enemigos, Israel no parece tener un momento de paz.
Durante años, el foco de atención occidental ha estado, comprensiblemente, en el proceso de paz entre israelíes y palestinos. Pero si Israel está en peligro hoy en día y toda la región se está deslizando hacia un futuro problemático preocupante, no se debe a la falta de entendimiento entre las partes sobre la forma de resolver este conflicto. Los parámetros de cualquier acuerdo de paz futuro están claros, por muy difícil que parezca que las dos partes hagan el último esfuerzo para alcanzar el acuerdo.

La verdadera amenaza a la estabilidad regional, sin embargo, se encuentra en el surgimiento de un islamismo radical, que ve la destrucción de Israel como el cumplimiento de su destino religioso y, al mismo tiempo en el caso de Irán, como una expresión de sus ambiciones de hegemonía regional. Ambos fenómenos son amenazas que afectan no sólo a Israel, sino también a Occidente y al mundo en general.
El núcleo del problema radica en la forma ambigua y errónea en la que a menudo los países occidentales actúan ante esta situación. Es fácil culpar a Israel de todos los males en Oriente Medio. Algunos incluso actúan y hablan como si se pudiera lograr un nuevo entendimiento con el mundo musulmán a costa de sacrificar el Estado judío. Esto sería una locura.
Israel es nuestra primera línea de defensa en una región turbulenta que está constantemente en riesgo de caer en el caos, una región vital para nuestra seguridad energética, debido a nuestra excesiva dependencia del petróleo de Medio Oriente, una región que forma la línea del frente en la lucha contra el extremismo. Si Israel cae, nosotros caemos con él.

Pero defender el derecho de Israel a existir en paz, dentro de fronteras seguras, requiere un grado de claridad moral y estratégico que parece haber desaparecido en Europa, y los Estados Unidos muestran signos preocupantes de que van en la misma dirección.
Occidente está pasando por un período de confusión sobre el futuro del mundo. En gran medida, esta confusión está causada por una especie de duda masoquista sobre nuestra propia identidad, por lo políticamente correcto; por un multiculturalismo que nos obliga a ponernos de rodillas delante de los hombres, y por un secularismo que, ironía de ironías , nos ciega, incluso cuando nos enfrentamos al levantamiento de los yihadistas más fanáticos de su fe. Abandonar Israel a su suerte, en este momento, sólo serviría para ilustrar hasta qué punto hemos caído y cómo de inexorable es nuestro declive.

No podemos permitir que esto ocurra. Motivados por la necesidad de reconstruir nuestros valores occidentales propios, expresando una profunda preocupación por la ola de agresiones contra Israel, y conscientes de que la fuerza de Israel es nuestra fuerza y la debilidad de Israel es nuestra debilidad, he decidido promover la iniciativa Amigos de Israel con la ayuda de algunas personas prominentes, entre ellos David Trimble, Andrew Roberts, John Bolton, Alejandro Toledo (el ex presidente de Perú), Marcello Pera (filósofo y ex presidente del Senado italiano), Fiamma Nirenstein (el autor y político italiano), el financista Robert Agostinelli y el intelectual católico George Weigel.
Nuestra intención no es defender una política específica del gobierno israelí en particular. Los patrocinadores de esta iniciativa seguro que no están de acuerdo en ocasiones con las decisiones adoptadas por Jerusalén. Somos demócratas y creemos en la diversidad.
Lo que nos une, sin embargo, es nuestro apoyo inquebrantable al derecho de Israel a existir y a defenderse. Para mantenernos firmes como países occidentales frente a los que cuestionan la legitimidad de Israel, para tratar en los organismos internacionales de las cuestiones vitales de seguridad de Israel, para apaciguar a quienes se oponen a los valores occidentales en vez de luchar por la defensa de esos valores, pues no sólo es un grave error moral, sino un error estratégico de primera magnitud.

Israel es una parte fundamental de Occidente. Occidente es lo que es gracias a sus raíces judeo-cristianas. Si cortamos el elemento judío de nuestras raíces e Israel pierde, entonces nosotros también perderemos. Nos guste o no, nuestro destino está indisolublemente unido.

José María Aznar, Presidente de España 1996-2004
The Times, 17 junio de 2010