sábado, 15 de mayo de 2010

Un bonito día

La felicidad pesa a razón de kilo y medio por mes. Y os lo puedo garantizar porque desde el jueves 8 de abril hasta este sábado 8 de mayo yo he pasado de pesar 52 kilos a pesar 53,5 kilos. Y la verdad es que ya era hora, tras seis meses en "el limbo", tensionados como cuerdas de guitarra, y dos meses más de estancamiento en casa, aislados literalmente, y sometidos a un tercer grado forzoso, y forzado.
Hoy estamos más gordos y somos más sabios, y esperemos que mañana sigamos siendo sabios, que no tan gordos.
Hacía tanto tiempo que quería frivolizar sobre esto y sobre todo, y sobre el resto de cosas que nos han pasado últimamente... Algunos nos han dicho que lo que hemos vivido nos acabará pasando factura, que llevar encima tanta angustia durante tanto tiempo no puede ser bueno. Puede ser. Pero mientras tanto aquí seguimos los tres, dándolo todo y más unidos que nunca. Hemos asumido con tanta normalidad una situación tan "anormal" y tan límite, que incluso hoy, cuando seguimos pendientes de una llamada que cada dos o tres semanas nos puede hacer tocar el cielo o bajar a los infiernos, intentamos fingir que no pasa nada, en nuestro pequeño mundo de 100 m2.

Este jueves hizo 6 meses del día D, y haciendo recapitulación de todo el proceso podemos darnos por satisfechos, la verdad. Y es que, pese a las dificultades añadidas, a los infortunios, a las casualidades remotas que han acabado por suceder, hemos tenido y estamos teniendo mucha suerte, y es que Alguien ahí arriba nos debe querer mucho porque por ahora estamos escapando de puntillas de esta senda llena de obstáculos que nos ha tocado vivir.
Además todo es más fácil con un niño tan bueno como el nuestro. Nicolás es fuerte, tranquilo y risueño, e incluso en los momentos más duros siempre se ha mostrado dulce y cariñoso con todos. A los abuelos y a los tíos se les "cae la baba" con él, y siempre que llaman presumen de las monerías que les hace y de lo mucho que se divierte con ellos. Si es que nuestro nene es único y todo el mundo le quiere mucho.

Cassiá también es otro niño especial, y Mohammed. Y sus padres. Somos tres familias de supervivientes, cada una con una historia detrás de superación. Pero ahora no es el momento de recordar el pasado sino de mirar con esperanza hacia adelante, hacia un mañana que por fin brilla también ante nosotros; y aunque de los tres hemos sido los últimos en llegar y sabemos que la felicidad es frágil y el futuro incierto (para todos), estamos encantados disfrutando de nuestro día a día como nadie.
Vivir tranquilos el día a día. No pedimos nada más que eso.

Ayer fue el Día Mundial de la Familia, así que aprovecho para enviar un fuerte abrazo a otras familias que estén pasando por lo mismo. Y al equipo médico; y a la Fundación Carreras, que tanto hace por todos nosotros y por los que vendrán, por su apoyo, y por su enorme labor de investigación, de promoción y de búsqueda internacional de donantes de médula, tanto para enfermedades hematológicas malignas como para otras menos comunes y conocidas, que sin ser malignas implican igualmente una amenaza para la vida, como son las inmunodeficiencias congénitas: gracias de parte de Nicolás.

Y a ti, que lees esto, por favor hazte donante de médula: regalarás oportunidades, salvarás vidas.

1 comentario:

elisabetta dijo...

Si diffuse la gioia in tutto ciò che fai. Siamo negli Stati Uniti. Quando rientro in Italia, ti chiameremo. Un bacio