jueves, 18 de marzo de 2010

Una historia de San Patricio


Neal recibe la carta el mismo día que descubre que el dueño del tailandés de la esquina es en realidad chino. Se encuentra en New Jersey. Abre el sobre y dentro descubre los trazos decididos que tan bien conoce. Se acerca el papel, una simple hoja de libreta, y aspira un aroma que sólo él parece percibir. El mensaje es claro y conciso. Se ríe, ajeno a las miradas del resto de viandantes.
En la Gran Barrera de Coral un instructor de submarinismo llamado Eoin no puede concentrarse en la clase, ni siquiera en ese par de gemelas bronceadas que le lanzan ardientes miradas. Cuando se zambulle en el océano seguido de sus jóvenes alumnos ya tiene todos los detalles atados, sólo espera regresar a Cairns y coger el teléfono.
El calor sofocante de Singapur apenas se nota en el aséptico metro de la ciudad, donde una mujer llamada Erin y su marido Declan convienen que el mejor nombre para el bebé que esperan sea Shane. Ella sonríe satisfecha porque era su favorito, él se encoge de hombros mientras con su blackberry consulta los billetes de avión. "Cariño, saldré el próximo jueves. No te importa, verdad?"
Ya huele a primavera en Madrid. El corpulento Ciaran, que ya empieza a conocerse la ciudad como la palma de la mano, se desabrocha el nudo de la corbata mientras camina decidido hacia el Bernabeu. Espera que esta vez el Madrid pase a cuartos. Tras noventa minutos de agonía se da cuenta que ya es hora de tomarse una buena cerveza, así que sí, volverá a casa para San Patricio.
Ya empieza a oscurecer cuando los cuatro hermanos Hannigan se encuentran en el pub. En Galway les conocen bien y alrededor de su mesa se congrega medio vecindario además de alguna antigua novia. A las 8 en punto se abre la puerta y los cuatro se levantan emocionados. Su hermana Maeve, la chica más guapa del mundo, entra radiante. Cada vez se maneja mejor con la silla de ruedas. La verdad que está estupenda. Y como cada 17 de Marzo, los cinco se reencuentran y celebran la vida.