domingo, 21 de marzo de 2010

A Michael le quedaba mejor el rojo


La verdad que siempre me ha gustado Michael. Incluso cuando de joven competía con cierta falta de ética. Y es que hubo un tiempo en el que ver cómo el Käiser echaba de la pista a Damon Hill o Villeneuve era lo habitual. Luego, cuando nuestro Fernandito entró en acción, y pese a ir a Montmeló disfrazada de Pitufo, no había manera de animar al asturiano de corazón, y es que era al alemán al que me gustaba ver en la pole. No me preguntéis por qué. No tengo ascendencia alemana ni italiana, os lo juro. Con el tiempo he comprendido que la afición nace, no se hace, y puede ser estrambótica y carente de sentido porque no hay reglas escritas. Tengo un amigo de Barcelona que es del Sporting de Gijón porque de pequeño su hermano siempre le daba los cromos "repes" de ese equipo. Eso es afición, de eso se trata: no limitarse a animar al equipo o al deportista de tu tierra porque simplemente es el que te pilla más cerca.
Volviendo a Schumacher, en el 2006, con 37 años, decide abandonar la Fórmula 1. Se dice que es una decisión meditada, que quiere dejar espacio a los más jóvenes que, como Alonso, ya se están haciendo un nombre. El último año no había sido bueno para él, su monoplaza no era competitivo y eso era más de lo que un hombre acostumbrado a ganar podía permitir. Pero a esas alturas Michael ya es el piloto más laureado de la historia, sobre todo para los ferraristas. Once años en la escudería como primer piloto y cinco campeonatos consecutivos como número uno forjaron su leyenda. Así que seguiría vinculado a Ferrari. Italia lo amaba. Hasta el 2006 e incluso después podías ver su rostro anunciando de todo en cualquier ciudad de la Reppublica. Desde coches, hasta trajes o tarjetas de crédito.
Pero el Käiser no ha podido acostumbrarse a esa vida regalada como asesor "emérito" de la famosa Scuderia. Él quería emoción. Quería volver a competir, volver a trabajarse cada curva de cada circuito, y Mercedes Grand Prix se lo ha puesto en bandeja. Quieren traerlo de vuelta a Alemania. Quieren que su mediático rostro vuelva a ser propiedad de los teutones. Y que vuelva a anunciarnos sus Mercedes, que tienen más caché que los Fiat, dónde va a parar.
Y desde luego que yo me alegro porque vamos a poder disfrutar de él al menos un campeonato más, aunque eso sí: el "rojo Ferrari" le sentaba mucho mejor.