domingo, 2 de diciembre de 2007

Rojo desierto


Anduvimos durante algo menos de tres horas. El sendero empinado llevaba a la cima del Cañón de los Reyes o Kings Canyon, abajo el río seguía excavando a lo largo de su propio curso, como una lengua áspera, por los siglos de los siglos. Empezaba a caer el sol y los colores rojizos del valle llameaban en un ritmo místico y vibrante. Nos sentamos en una roca de arenisca y un lagarto pasó veloz a nuestro lado. Sin decir nada (porque no había necesidad), tuvimos un momento de pánico y recordamos mentalmente la lista completa de reptiles venenosos (los más venenosos) de Australia, quizás estuvieran allí mismo, acechándonos, oliendo nuestro miedo, o quizás no. El caso es que nos levantamos y volvimos al sendero. Tras recorrer la meseta, bajamos de nuevo al cauce sombrío, al Jardín del Edén, como lo habían bautizado sin faltarles razón, pero ya la oscuridad empezaba a cubrir nuestros pasos y el desierto rojo se silenciaba, inhóspito. Sentimos en los huesos que era hora de regresar.