domingo, 23 de diciembre de 2007

El tren no espera (a nadie)

No hay como hacerse mayores y ser conscientes de quiénes somos al fin. De repente un día (porque no nos engañemos: no es un proceso, es un instante), nos convertimos en la persona completa y nos damos cuenta que todo lo que hemos vivido ha tenido su causa y su efecto, y que se ha evaporado el niño, el adolescente y el joven para dar lugar al hombre o mujer que somos. Y si giramos la vista atrás nos damos cuenta que algunos de nuestros compañeros de camino ya no siguen con nosotros. No os apenéis, que es ley de vida, conforme nos hacemos más nosotros mismos se definen también nuestras afinidades y un olfato preciso de can se nos desarrolla hasta saber ver los amigos verdaderos de los que no lo son tanto. Un consejo: no perdáis el tiempo intentando salvar falsas amistades y darlo todo por aquellos que siguen a vuestro lado, siempre.