
domingo, 23 de diciembre de 2007
Sumergiéndome en un mar de sensaciones...

El tren no espera (a nadie)
domingo, 2 de diciembre de 2007
Rojo desierto
Anduvimos durante algo menos de tres horas. El sendero empinado llevaba a la cima del Cañón de los Reyes o Kings Canyon, abajo el río seguía excavando a lo largo de su propio curso, como una lengua áspera, por los siglos de los siglos. Empezaba a caer el sol y los colores rojizos del valle llameaban en un ritmo místico y vibrante. Nos sentamos en una roca de arenisca y un lagarto pasó veloz a nuestro lado. Sin decir nada (porque no había necesidad), tuvimos un momento de pánico y recordamos mentalmente la lista completa de reptiles venenosos (los más venenosos) de Australia, quizás estuvieran allí mismo, acechándonos, oliendo nuestro miedo, o quizás no. El caso es que nos levantamos y volvimos al sendero. Tras recorrer la meseta, bajamos de nuevo al cauce sombrío, al Jardín del Edén, como lo habían bautizado sin faltarles razón, pero ya la oscuridad empezaba a cubrir nuestros pasos y el desierto rojo se silenciaba, inhóspito. Sentimos en los huesos que era hora de regresar.
sábado, 1 de diciembre de 2007
Subiros que esto se mueve
Arrancamos y el motor ruge con fuerza lanzando bocanadas de un humo espeso. Las ruedas chirrían en el asfalto caliente y eso nos gusta. Nada ni nadie puede detenernos. Lo pensamos, lo sabemos y así es. Sonreímos confiados. Fuera el sol brilla y la brisa del mar acaricia nuestros cabellos. No vamos solos en nuestro viaje. No. Llevamos con nosotros nuestros recuerdos, las caras que nos conmueven, los abrazos de los nuestros y todo el cariño que hemos sido capaces de almacenar. Y somos conscientes de ese tesoro y respiramos satisfechos.
Rugby después del Mundial

Singapur, el país más "ordenado"
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