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martes, 12 de octubre de 2010

Himnos para la redención (sin más)


Flowers no canta, invoca. Su inmensa voz (que parece que se desborde de un cuerpo demasiado delgado) deja al auditorio pasmado. Nada es igualable a ver al vocalista de The Killers sobre el escenario de esos locales minúsculos que escoge. Cuando sonríe, y lo hace a menudo, parece que lo hace para cada uno de los que allí estamos, mirándonos directamente a los ojos, mientras se mueve de esa forma peculiar, un poco tímido, siempre elegante.

"On the floor" es un himno. La canta al principio, con las luces bajadas, prácticamente sin acompañamiento instrumental. Abajo, aguantamos la respiración mientras su voz profunda habla de que cada noche mendiga perdón de rodillas en el suelo. Construye una atmósfera tan íntima que por un momento llegas a creerte que no hay nadie más allí, salvo él y tú.

Es un tema reiterativo en él, la redención, la búsqueda de perdón. Como en "Magdalena", que la introduce dándonos un par de pinceladas del peregrinaje de Sonora y de sus 60 millas de Nogales a Magdalena de Kino. Los católicos estamos más acostumbrados a esos actos de fe explícitos, pero él que es mormón ha sabido entenderlo y vestirlo de un espíritu más elevado, "con el corazón lleno de gracia" y "con la bendición del perdón (de San Francisco)".

Después de los singles y otras canciones más o menos animadas, más o menos prescindibles, uno se detiene a saborear "Only the young" cuando ya echaba de menos la vuelta a la introspección. Es el tema más nostálgico y aunque habla de que el sol brillará otra vez uno no puede evitar sentirse triste, como si el tiempo se nos escurriera de entre los dedos empeñados como estamos en mirar a otro lado.

Sentir. Vivir. Añorar. Uno escucha a Flowers y no se queda indiferente. Y si estás pasando por un momento difícil, o viviendo un punto de inflexión en tu vida, te acompañará en tu melancolía como un amigo fiel y leal.

lunes, 4 de octubre de 2010

I'm sick of all my judges, and so scared of what they'll find


En estos días en el que todos los que seguimos a The Killers estamos "Brandonmizados" con su próxima presencia aquí en la Ciudad Condal, es lo propio rendirle un pequeño homenaje.
Ya sabemos que The Killers no es únicamente Flowers, pero qué sería de ellos sin su voz, sin ese chorro de palabras desencadenadas, y sin ese espíritu indómito del Oeste.
Porque Brandon nació en Las Vegas y será en esa ciudad donde muera, rodeado de una familia numerosa y de un montón de amigos. Y dice él mismo que tendría un arma en casa para proteger a los suyos. ¿Y? ¿Alguna pega? Creo que la propia defensa de la libertad de uno a veces exige medidas extraordinarias. Como él dice "ojalá viviéramos en un mundo perfecto, pero no lo es".

Rebelde hasta el final, es un músico contracorriente en el gueto de artistas "izquierdones" que inunda la escena mundial y que juegan al juego de "soy super-comunista y apoyo un montón de causas, mientras me construyo mansiones de la leche en medio mundo y te cargo un canon hasta por oler mis canciones".
El no es así. El a lo suyo. Como un Billy el Niño moderno. No le importa lo que puedan pensar los demás. Es el más punky de entre los "rockeros indie". Y no por ser el líder del grupo más potente de la escena actual cambiará su Sin City por L.A. o N.Y.C.
Este chico de veintinueve añitos pertenece a una casta de hombres diferentes. Hombres precoces, que no se arrugan ante nada y que tienen muy clara la meta que persiguen. La música es su vida pero sólo la música, no el a veces irremediable y tedioso acompañamiento de bambalinas. Y pese a estar en la cresta de la ola ha construido una familia con su novia de toda la vida, ya su mujer y madre de sus hijos, a la que nada ni nadie hará sombra.

Nos da igual cómo te pongas Flowers: con ojos pintados, abrigo de plumas o tu bigote a lo tex-mex, estás que te sales.